Por Jorge Enr铆quez
Diputado Nacional por Cambiemos
Me opongo a la legalizaci贸n del aborto. Si bien tengo profundas convicciones religiosas, no lo hago desde esa perspectiva. Como diputado nacional, no podr铆a imponer mis creencias, en ese 谩mbito tan personal, al resto de los argentinos.
Mi oposici贸n al aborto se funda en una en茅rgica defensa de la vida, que surge de valorar incondicionalmente la dignidad humana. Cuando se trata de seres humanos, no valen las consideraciones sobre ventajas o desventajas, ni criterios de conveniencia econ贸mica. Los seres humanos son fines en s铆 mismos, no medios para el logro de otros fines.
En nuestro ordenamiento jur铆dico, la vida humana comienza con la concepci贸n en el seno materno. Desde ese momento existe una persona que merece la misma tutela que las que ya han nacido. Por lo tanto, las razones de salud p煤blica que se esgrimen en favor de la despenalizaci贸n del aborto no pueden tener preeminencia sobre la exigencia de respetar la vida de todos los seres humanos.
Tampoco es v谩lido el argumento -que nace en el famoso fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos "Roe v. Wade", de 1973- que funda el derecho al aborto en el derecho a la intimidad de la mujer o, lo que es lo mismo, en la soberan铆a de ellas sobre su propio cuerpo, sencillamente porque un feto no es un 贸rgano ni una cosa, sino otro ser humano. En consecuencia, no puede invocarse el derecho a disponer de 茅l, de la misma forma que ser铆a inconcebible que los padres pudieran tener el derecho de matar a sus hijos.
No se me escapa que la pr谩ctica del aborto existe y que su ejercicio en forma clandestina puede traer graves complicaciones de salud, pero no se soluciona ese problema matando a un ser indefenso. Mejoremos las leyes, facilitemos las adopciones, promovamos una educaci贸n sexual
integral, capacitemos para la decisi贸n responsable de concebir un hijo, pero no caigamos en la mayor afrenta a los derechos humanos, que ser铆a privar de la vida a una persona sin otro fundamento que la decisi贸n de otra.
Bienvenido sea el debate. Yo respeto las opiniones de quienes, desde mi bloque y otros, consideran necesaria la despenalizaci贸n, pero mantendr茅 mis convicciones de toda la vida y me opondr茅 a considerar a cualquier ser humano una cosa que puede ser desechada. Para pensar as铆 no hace falta ser cristiano, ni creer en Dios: s贸lo se necesita estimar como un valor no negociable la vida y la dignidad del ser humano.
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